que paisajes evocan,
riachuelo que arrastra,
esos días de gloria.
Los veo pasar,
y caer en cascada,
y ahora me ahogo
en pura añoranza.
Las horas me matan,
las horas me hielan,
sin sentido mi vida,
cuando tú no estás cerca.
Lloro la sangre,
de mi corazón en alerta,
por verte él atento,
por sentirte de nuevo.
Suplico a la vida,
la mínima clemencia,
suplico ahora un beso,
que es imposible que venga.
Necesidad presente,
que arde en el alma,
arroja madera al fuego,
y aumenta la llama.
Tan solo tus manos,
remedian la brecha,
de este barco sin vela;
de esta errante veleta.
Reírme de todo,
y reírme de nada,
soñar por soñar,
aunque en sueño vivo ya.




No hay comentarios:
Publicar un comentario