sábado, 15 de mayo de 2010

"Flames from the Hell"

Las finas gotas de lluvia golpeaban la ventana en un tenue pero ágil repiqueteo. El cielo era una espesa bruma que no dejaba ver más allá del tronco del árbol cuyas ramas se asomaban en bruscos movimientos y amenazaban con golpear el cristal.
El viento soplaba en todas las direcciones arrastrando las hojas mojadas y desgastadas a ras del suelo, aunque de vez en cuando alguna se dejaba llevar por el aire como si quisiera emigrar.
Emigrar...

El ruido de la tormenta la despertó. Estaba apoyada sobre las hojas que tenía encima de la mesa, las cuales estaban mojadas por la lluvia y las letras escritas en ellas no eran reconocibles ya.
Hacía frío en la habitación, puesto que se había dejado la ventana abierta para poder respirar aire que no estuviera viciado.
Buscó el reloj de su mesilla; eran las seis y media de la tarde, aunque parecía una bien entrada noche. Maldijo este hecho y pensó en volver a dormir hasta que llegara la oscuridad que le permitía conservar su alma en paz. Pero el olor a tierra mojada hizo que ese nudo en la garganta tan desagradable pero conocido reapareciera para desencadenar las lágrimas. Ella ya controlaba este hecho y fingía sonreír cuando sentía ganas de llorar para que los demás no la preguntaran cuál era el motivo de su tristeza. Pero en ese momento esta capacidad de control estaba fuera de su mano y dejó caer dos débiles lágrimas por su mejilla mientras que cerraba los ojos para sentir el aire que alborotaba su ondulado y rubio cabello.
Todo su trabajo de ese día estaba deshecho por su propio descuido; todo el poema que había logrado componer era ahora un borrón oscuro casi imposible de descifrar. Esto no le importó demasiado puesto que recibía inspiración en los momentos de tristeza, y estos ahora envolvían su día a día.

Se quedó intentando alcanzar con la vista las lejanas montañas que la hacían suspirar, pero se dio cuenta de que aquella tarde no podría dejarse llevar por el sonido del aire ni por el paisaje, puesto que estaba todo inmerso en tinieblas.
Se levantó de la silla de su escritorio y abrió el cajón de debajo de su cama. Sacó del apretado montón de bolsos uno blanco en cuyo interior escondía lo que hacía las veces de compañero en momentos de soledad; su paquete de tabaco. Sacó un cigarro y volvió junto a su ventana. La primera calada le hizo temblar ante el frío que entraba en la habitación.
El rock y el tabaco eran sus aliados para superar los momentos de desesperación, pero apenas conseguían desterrar su dolor; solo lograban apartarlo de su mente unos minutos.
Puso mala cara cuando se dio cuenta de que su reproductor de música se estaba cargando, puesto que ahora no podía contar con la música como método terapéutico.

No había nadie en casa y se sentía a gusto dentro de su propia angustia. Observaba cómo el humo de su cigarro y la vasta niebla se fundían encontrándose mas allá del resquicio de su ventana. Deseaba volar; escapar lejos para no volver. Soñaba con ver las olas rompiendo contra los verdes y escarpados acantilados y los pájaros cantando mientras sobrevolaban los húmedos bosques rebosantes de vegetación; ir más allá del océano y ver los diferentes colores que éste presenta a medida que avanza el día...y sin poder evitarlo volvió a recordar lo que tenía miedo de olvidar, pero también miedo de revivir. Esas tonalidades verdosas y azuladas del mar que se paseaban por su mente eran imágenes de su propio paraíso particular. En ese paraíso no solo conoció los paisajes más bellos que nunca antes hubiera visto, sino a él.
-Otra vez no, tengo que ser fuerte...tengo que ser fuerte-se repetía una vez tras otra cuando se acordaba de él. Lo malo es que ella no podía creerse su propia mentira por más que quería, puesto que su corazón seguía atrapado en esa cárcel de cristal.

Tendría que haber alguna manera de romper esas cuatro paredes que la impedían respirar. ¿Pero realmente quería olvidar los mejores tiempos de su vida? Estos le habían enseñado que la felicidad es una realidad posible de alcanzar...y esta realidad le incluía a él.
Quedaba esperanza en su alma pese a todas las barreras que tenía por delante, pero estas se podían derribar con creces...¿o no?
En sus momentos de positividad pensaba que esos obstáculos se desvanecerían en un futuro cercano, e incluso iba al otro extremo olvidando su pesarosa realidad. Pero cuando tocaba fondo, comprendía que estaba perdida intentando atravesar el sinuoso sendero que se extendía a sus pies sin luna que iluminara el cielo y la guiara en la oscuridad de la noche.

                                                          Es Castell (Menorca)

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